Amables amigos… En los últimos días he tenido cierta nostalgia por la transformación que se está dando en la lucha libre y me refiero al estilo de lucha, a los personajes que hay actualmente, a la poca importancia que se les dan a las máscaras, a las batallas por las tapas y al poco respeto que se le da a los títulos nacionales y mundiales, entre otras cosas.
Hoy, con el permiso de todos ustedes, voy a desglosar cada uno de estos rubros. Primero que nada debo aclarar que no voy a entrar en un debate estéril o decir que la lucha de antes es mejor, lo que sí me queda claro es que la turistificación, el desconocimiento de la historia de este deporte, la ignorancia del reglamento de competencia y de los códigos no escritos de este deporte-espectáculo por parte de los nuevos aficionados a la lucha provocan incidentes, accidentes y que nuestra lucha poco a poco pierda su esencia y se convierta en un mero espectáculo circense en el que los luchadores están pasando de estrellas y grandes luchadores a simples actores sin nombre, porque muchos de estos asistentes no conocen ni los nombres de los gladiadores.
Perdieron su atractivo
El primer punto es el de las rivalidades. Yo recuerdo que para que hubiera una batalla de apuestas, los luchadores involucrados pasaban meses y meses dándose con todo en las arenas donde se encontraban. Se humillaba uno en la Coliseo, el otro le respondía en la México, se iban a Torreón y pasaba lo mismo, llegaba a Veracruz y la sangre corría, pasaban a Guadalajara, Querétaro, Pachuca y El Estado de México y el odio deportivo y a veces personal, se sentía en las diferentes arenas del país hasta que la empresa o el promotor le llegaban al precio y firmaban la tan esperada batalla de máscara vs. máscara, cabellera vs. cabellera o máscara contra cabellera. Pero más allá de ese duelo de apuestas, la rivalidad provocaba un sentir especial y cada vez que se presentaban en una arena corrías a comprar tu boleto y no eran necesarios montajes ni comedias como en la WWE o en la Triple A para calentar el ambiente, pues los aficionados, esos de hueso colorado, veían el profesionalismo, la técnica y la rudeza mezclada y eso era suficiente para ir a ver esas batallas. Hoy en día, Triple A necesita de una narrativa como la de los Grandes Americanos para sentirse los dueños de la lucha libre, por lo menos unas semanas, mientras que en el CMLL es peor, porque ellos ya arreglan sus rivalidades en su canal oficial, pues tienen miedo que sus elementos se calienten en otros medios y ellos no sean dueños de la exclusiva, a lo mejor es por eso que ya no dejan hablar a los luchadores con los reporteros sin la anuencia de su departamento de prensa.
Están sobrevalorados
No se ustedes, pero yo me acuerdo que a finales de los ochentas y a principios de los noventas, se realizaban pesajes en las batallas de campeonato, por lo menos en el Toreo de Cuatro Caminos y en la Empresa Mexicana de Lucha Libre, casi igual o igual como se efectuaban en las funciones de box. Esto quería decir que campeón y retador tenían la responsabilidad de dar el peso para efectuar una batalla en la que estuviera de por medio un título de campeón. Los luchadores que ostentaban un cinturón realmente eran los mejores de su categoría y le daban una oportunidad a los retadores cuando estos les lograban ganar de tres a cinco luchas ya sea en tercias, relevos sencillos o en mano a mano. El desorden lo puso Triple A cuando creó su Megacampeonato, un título particular, que sólo era expuesto por los miembros de la propia empresa. Le siguió el CMLL con su Campeonato Universal, que no es otra cosa que un torneo para saber quién es el campeón de campeones de la empresa de la Colonia de los Doctores. Pero lo peor no es eso, sino que por mucho tiempo se aferraron a tener los cinturones de la NWA y no permitían que sus luchadores los expusieran con gladiadores de otras empresas como debía ser, hasta que se los quitó la National Wrestling Alliance (NWA) y por eso el Consejo creó sus cinturones históricos. Crear cinturones en cada promotora o empresa no es malo, pero la verdad, hace años cuando a alguien se le veía un cinturón en su poder se le decía: es el monarca nacional o monarca de México, porque realmente les ganaba a varios gladiadores en algunos estados de la República, de su empresa o de otras promotoras.
Cuando se veía a un campeón mundial, éste ya les había pintado la cara a varios gladiadores extranjeros tanto en México como en otras partes del mundo. Hoy solo se enfrentan a luchadores con los que su empresa les arregla las luchas, obviamente son sus socios comerciales. Por eso, nunca me saldrá decirle a un luchador con un cinturón, campeón del mundo, además, ahorita ya hay campeonatos en cada empresa, cualquier hijo de vecino ya es campeón y eso actualmente denigra a los luchadores que realmente se les merece llamar así.
Las mil y una máscaras
En los tiempos actuales la imaginación para crear personajes y, sobre todo, una buena máscara es casi imposible. Es verdad que las capuchas clásicas como las del Santo, Blue Demon, Mano Negra, Mil Máscaras, Huracán Ramírez, Fishman, Solar, Pierroth, Blue Panther, Fuerza Guerrera, Canek, los Brazos, los Villanos o Atlantis, son únicas y hermosas. Sin embargo, después llegaron los Vipers en Triple A y los Guerreros Laguneros en el CMLL y ya casi todos los luchadores de cada empresa tenían los mismos colores o tenían abierta la cabeza para dejar descubierta su melena. Esto se agudizó cuando llegó Místico (2004), pues todos los luchadores del país querían usar máscaras cerradas, pupilentes y hacer vuelos parecidos a los que hacía el Príncipe de Oro y Plata.
Ahora, si hablamos de las luchas de apuestas eso ha venido en detrimento. Primero, porque antes les costaba mucho trabajo pensar su personaje, pulirlo y hacer su propia historia, por eso, perderla era triste y muchos luchadores acababan su carrera al ser destapados. Hoy, ya se hacen rivalidades en ocho días y como se acerca algún aniversario o función VIP de empresas establecidas o independientes, arriesgan su imagen porque ya no es tan original como en antaño. Triple A enmascaró a dos luchadores gringos, a los que todos les conocíamos el rostro e hicieron una batalla por las incógnitas. Esto a mí no me gustó, porque se perdió la magia y el misterio, solo querían ver como el gringo que adora a México se la partía al gringo malo. Eso fue una total falta de respeto a este tipo de combates y a la tradición de las máscaras en nuestro país.
En las luchas de máscara vs. cabellera antes era un personaje famoso, estrella y posesionado contra un tipo de grande cabellera como El Perro Aguayo, Sangre Chicana o el Negro Casas, y ahora no me quiero imaginar que en el Aniversario 93 haya una lucha de cabellera entre Euforia, que sí tiene una cabellera, ante un Valiente que solo tiene seis cabellos. Pero bueno, ya no me quejaré más y allí le dejo esas reflexiones para que ustedes opinen.
¿Será que las máscaras, las rivalidades, los cinturones y las batallas de apuestas volverán a tener sentido y validez en la lucha libre, o seguiremos teniendo luchas de apuestas al vapor, miles de campeones en nuestro país, rivalidades que ya no hacen vibrar a la gente y máscaras poco originales, eso solo el tiempo lo dirá?
Ahora me despido con la frase que me caracteriza, recuerden que la lucha no se crea ni se destruye, solo se transforma.





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