El embudo luchístico de Perú 77 cumplió 83 años el 2 de abril y este sábado el CMLL lo festeja con un triangular entre Místico, El Soberano Jr. y El Clón

Por: El Profe Esquivel

Amables amigos… Este 2 de abril se cumplieron 83 años de existencia de la Arena Coliseo, ubicada en Perú 77, enclavada en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Esta noche el Consejo Mundial de Lucha Libre festejara la fecha con una tradicional función, en la que Místico, Soberano Jr. y El Clón estarán en la batalla estelar de este embudo coliseíno.

La historia de este recinto arrancó cuando todavía ni existía. Resulta que la mañana del 8 de febrero de 1937 la lucha libre, que llevaba casi cuatro años de su llegada a México, sufrió un golpe muy bajo, pues los principales diarios de esa época dieron a conocer que la Arena Nacional, principal recinto para este deporte se había incendiado, por lo que las batallas regresaron un tiempo a la Arena Modelo, la antigua Arena México, la cual tenía capacidad para 5 mil 400 espectadores.

Esta situación, ocasionó que Salvador Luteroth buscara crear un escenario que fuera adecuado para las funciones y que fuera de los más modernos y sofisticados de su tiempo.

En 1938 Lutteroth González compró un terreno en la calle de Perú, en el mero corazón de la Lagunilla, un año más tarde, se colocó la primera piedra y cuatro años después, sería considerado el local mejor diseñado para presentar deportes bajo techo en América Latina y el primero con aire acondicionado.

Este recinto estuvo a cargo del arquitecto Francisco Bullman y se inspiró en el mítico Olympic Auditorium de Los Ángeles. Por esta razón, este inmueble, por fuera parece todo, menos una arena, ya que contaba con un letrero en forma vertical con fondo rojo y letras blancas que tenía las palabras: el Coliseo. Lo cuadrado de sus paredes contrasta con la forma circular que imponen sus gradas y su estructura que parece un gran embudo.

El cronista deportivo Antonio Andere contó en ese 1938 que, una vez Lutteroth lo invitó a subir a su auto y lo llevó a un terreno baldío que estaba enclavado en el Centro Histórico, muy cerca de la Lagunilla.

Recorrieron varias calles del primer cuadro de la Ciudad de Los Palacios hasta que se detuvieron en un viejo corralón en las calles de Perú. Exactamente en el número 77.

Andere mencionó que don Salvador le dijo: “Acabo de comprar este terreno para hacer una arena digna de México y de la lucha libre”. Se dice que el empresario invirtió 3 millones de pesos para iniciar la construcción. Una parte de ese dinero fue de los 40 mil pesos que se sacó en la lotería en 1934.

Este coliseo tiene una altura de 22 metros desde el piso al techo. Su capacidad es de seis mil 868 aficionados. Originalmente se le había puesto el Coliseo de México, pero la gente la empezó a nombrar sólo como la Arena Coliseo y Luteroth decidió cambiarle ese nombre.

La inauguración fue el 2 de abril de 1943 a las 8:30 de la noche. Salvador Lutterorh estuvo acompañado de Luis M. Martínez Arzobispo de la Ciudad de México y el licenciado Madrazo, en representación del regente de la Ciudad Javier Rojo Gómez, aunque hay quienes aseguran que Rojo Gómez sí fue al evento.

Ocho luchas conformaron el cartel inaugural. La principal fue la lucha del campeonato nacional medio entre el campeón Carlos ‘Tarzán’ López y el rudísimo, Santo, el Enmascarado de Plata, otras cinco batallas en mano a mano con límite de tiempo y las otras dos sin estar pendiente del reloj para determinar al triunfador. Raúl Romero fue el primer gran ganador, pues derrotó al canadiense Sam Carbin en el combate de la noche. 

EL TARZÁN HUMILLA AL SANTO

El primer enfrentamiento histórico que se vivió en ese recinto fue entre Carlos ‘El Tarzán’ López, campeón de Peso Medio de la NWA y el gladiador rudo Santo, el enmascarado de Plata, quien apenas tenía un año portando ese personaje. Sin embargo, ya había derrotado ha gladiadores de la talla de Ciclón Veloz, Bobby Bonales y Jesús Anaya por lo que pensaba que Carlos no le negaría la oportunidad por ese título.

“Mi primer enemigo fue Bobby Bonales, el cual derroté el 2 de enero, más tarde gané dos luchas colectivas, le gané al Ciclón veloz y Jesús Anaya, es mis dos siguientes encuentros vencía al campeón medio, el Murciélago Velázquez. Yo creo sinceramente que Tarzán no se negaría a exponer su corona conmigo”, dijo el joven Santo a medios especializados de la época.

El monarca medio no le dijo nada ofensivo al Santo sólo se animó a decir. “Si pierdo el campeonato con este joven seguro me retiro de la lucha libre mexicana”.

Esa situación no sucedió, ya que ‘El Tarzán’ despachó en dos caídas al hilo al novel encapuchado, quien, desde el inicio de su carrera, incluidas sus batallas con otros personajes, nunca había sido humillado de esa manera. De hecho, Carlos López Tovar no se retiraría hasta 1959 y como todo un campeón de peso Welter, Medio y Semicompleto.

EL CHIMPANCÉ ENSEÑA EL ROSTRO

El siguiente gran evento que se dio en el embudo coliseíno fue el primer duelo de máscara contra máscara en ese escenario. Los actores de esa batalla fueron La Bestia Roja y el Chimpancé.

El 28 de noviembre de 1943 fue la fecha en la que estos dos encapuchados se vieron las caras y luego de tres muy sangrientas y reñidas caídas, el ‘primate’ dio a conocer su rostro y dijo llamarse Nick Webber.

LA REINA DE LAS LUCHAS DE APUESTA

La batalla entre Santo y Black Shadow donde ambos se jugaban sus máscaras es conocida como la madre de todas las luchas de apuesta y ésta se dio el 7 de noviembre de 1952, en la Arena Coliseo, es decir, hace 71 años se llevó a cabo dicho combate.

Esta rivalidad nació dos semanas antes cuando en una batalla campal el también llamado ‘Hombre de Goma’ le ganó en la final de ese torneo al ‘Enmascarado de Plata’, en un enfrentamiento en el que ambos se rompieron las tapas y estuvieron a punto de arrancárselas

Una semana después se anunció y se firmó la lucha donde ambos expondrían sus incógnitas. A las siete de la noche del mismo día del anuncio, las localidades se agotaron y el día de la batalla, la arena lucía llena desde la siete de la noche, es decir, dos horas antes del inicio de la función.  Sin embargo, los medios de la época calcularon que al menos 5 mil personas luchaban y se peleaban por conseguir boletos que en manos de la reventa.

Fueron tres caídas de alarido, rudeza y sangres, pero al final fue tanta la confusión de la rendición de Shadow en la tercera caída que hay quienes aseguran que la llave de rendición fue una rana, pero las versiones periodísticas dicen que fue la ‘De a Caballo’.

El Santo intentó arrancarle la máscara a Shadow; pero éste no se dejó, además, Blue Demon rechazó al Enmascarado de Plata y hay quien dice que le tiro un puñetazo, que impactó en el rostro del plateado.  Fue en ese momento que inició la rivalidad entre el Enmascarado de Plata y el Demonio Azul, quien ese día juró vengarse del verdugo de Shadow, ese 7 de noviembre de 1952. Al fin el rostro de Black Shadow quedó al descubierto y pudimos conocer el rostro de Alejandro Cruz.

MUJERES EN LA COLISEO

Cuando las mujeres llegaron a la lucha libre en 1935 serían vapuleadas, pero no sobre el cuadrilátero, sino en los medios de comunicación pues, aunque los seguidores al naciente deporte de las llaves y las contra llaves las aceptaron bien, hubo quien se dedicó a orquestar una campaña de desprestigio contra ellas, como aquella nota que se publicara el 1 de agosto de ese año tras concluidas las primeras funciones con damas:

“Ayer, afortunadamente, se demostró que la lucha de mujeres no era un espectáculo para México. Se terminó en la Arena México (la antigua), la cortísima temporada de luchas de mujeres…” decían; o aquellos que señalaron: “Mediocre fue la exhibición que dieron en su debut las luchadoras”.

Por esta razón, gladiadoras como Mildred Burke, Mae Young, Nelly Stewart, June Byers y Rose Evans pisaron por primera vez el cuadrilátero del Embudo de Perú 77 el 6 de julio de 1945, regresando dos ocasiones más en las funciones de viernes.

Las foráneas causaron gran revuelo en la taquilla de la Arena Coliseo, según las crónicas de la época, los boletos volaron, el entusiasmo por ver a las luchadoras en acción era inverosímil, las 6,512 localidades estaban ocupadas por gente que vitoreó el trabajo de las mujeres, mismas que sembraron la semilla en las pioneras mexicanas.

Para 1952, el grupo dirigido por Burke regresó en varias ocasiones a la Arena Coliseo, pero las nacionales ya sacarían la casta, pues nombres como Chabela Romero, Toña la Tapatía, Irma González, la Dama Enmascarada y la Jarochita Romero iluminarían por primera vez las marquesinas del “coloso” de la Lagunilla.

Pero el gusto les duraría poco, pues en 1953 el Regente de la Ciudad de México, Ernesto P. Uruchurtu daría la orden de nunca más presentar mujeres en las arenas de lucha libre en el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México.

La última máscara que ese escenario vio caer fue la de La Medusa a manos de India Siux el 13 de agosto de 2006, con la intensión de que esas luchas de apuesta entre mujeres regresen al coloso del Centro Histórico.

SANGRE EN EL RING

El 25 de diciembre es una fecha que representa la ‘vida’, ya que se celebra el nacimiento del Niño Jesús en la religión cristiana y debido a este significado, la muerte es algo que no pasa por la cabeza de los seres humanos, pero ese día la muerte llegó a la Arena Coliseo y su víctima fue el joven Sangre India.

Fue exactamente el 25 de diciembre de 1979, es un día que quedó marcado en la historia de la lucha libre en México, pues esa noche, la muerte se sentó las primeras filas del embudo coliseíno.

La víctima fue el oriundo de La Piedad, Michoacán, José Vicente Ramos Estrada, mejor conocido como Sangre India.

La función llegó a su turno Semifinal, la gente lanzaba gritos y daba aplausos a los luchadores Sangre India y Leo López, quienes se enfrentaron a César ‘Apolo’ Curiel y Ángel Vengador.

El combate transcurría sin ningún problema, pero tuvo un giro inesperado, ya que de las acciones cambiaron de la felicidad y emoción al suspenso y desesperación cuando Curiel lanzó unas patadas en contra de la humanidad del novel rudo Sangre India, quien se golpeó la cabeza contra el piso. Aquel golpe lo desubicó. Con un visible mareo y debilidad intentó ponerse de pie, pero nuevamente cayó al suelo; esta vez se golpeó el mentón con una de las tarimas.

Inmediatamente, las asistencias médicas llegaron al lugar, pero los esfuerzos por reanimar al gladiador fueron inútiles y una función que era una fiesta de convirtió en tragedia.

Daniel López ‘El Satánico’, ahora profesor de la escuela del Consejo Mundial de Lucha Libre, vio morir a su entrañable amigo, incluso se rumora que Daniel estaba viendo la lucha en ring side y al ver el golpe, le gritó con desesperación al réferi, Roberto Rangel, que Vicente no se movía, le suplicaba que hiciera algo por su amigo.

LA MUERTE DE ORO

El 26 de octubre de 1993, Oro se dio cita en la Arena Coliseo para enfrentar a sus contrincantes Kahoz, Jaque Mate y Dr. Wagner Jr. y salió acompañado de La Fiera y Brazo de Plata.

Durante la primera caída de ese combate, el gladiador, quien apenas tenía 21 años, recibió un golpe de pecho de Kahoz que lo cimbró de pies a cabeza. Corrió tras el rudo y, una vez que descendió del cuadrilátero, le fue imposible volver a incorporarse. Se desvaneció y permaneció tendido en una esquina hasta que un réferi solicitó el apoyo de los médicos.

Mientras sus compañeros se batían en el cuadrilátero, Oro no dejó de tocar su pecho. Fue necesario sacarlo del lugar en una camilla para evaluar su lesión.

Sin embargo, no logró llegar al hospital, pues perdió la vida mientras era trasladado a la ambulancia. El parte médico de su muerte fue un aneurisma cerebral.

EN PELIGRO

Una anécdota digna de recordar se dio a penas 7 meses después de la inauguración de embudo de la lagunilla, ya que debido a un proyecto de urbanización ordenado por el presidente Manuel Ávila Camacho estuvo muy cerca de ser demolida.

La edificación de la rama norte del Anillo Circunvalación, que conectaría la avenida Vidal Alcocer con Paseo de La Reforma. Así que se planeó expropiar la Arena Coliseo y se pagaría por dicha expropiación de seiscientos a setecientos mil pesos.

La Empresa Mexicana de Lucha Libre sacó varios amparos para evitar esa demolición, además, contó con el apoyo de los vecinos del barrio y por los seguidores del box y las luchas que vibraban por ambos deportes en ese recinto.

Al sentir la presión de la gente el presidente Ávila Camacho, le pidió al regente de la ciudad, Javier Rojo Gómez, modificaron el trazo en su plano y respetaron la Coliseo, aunque a varios de los vecinos sí los perjudicaron con ese cambio.   

ACTUALIDAD

La dupla conformada por el Atlantis y Octagón en la década de los noventa llevaron a la Arena Coliseo una vez más al cine, en la película: «Atlantis y Octagón, la revancha», entre otras. En el 2024 la Arena Coliseo cumplirá 81 años de existencia, siendo la Arena más longeva y con más tradición de la lucha libre mexicana. Hoy en día la lucha libre mexicana ve a este embudo coliseíno como el más tradicional de este deporte espectáculo.

Ahora, me despido con la frase que me caracteriza, recuerden que la lucha no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

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